Huerta “Primitivos”, un Arca de Noé orgánica en Pigüé

Publicado en por escabullidos

Huerta “Primitivos”, un Arca de Noé orgánica en Pigüé

Viajamos a conocer la Huerta "Primitivos" en Pigüé (Buenos Aires) donde Beatriz y José producen alimentos sanos sin químicos, demostrando que la naturaleza da a quien la cuida. "El secreto es poder tener siempre elementos para hacernos nuestra propia sopa” Conoce una historia de amor por la tierra.

“Hace años que comemos lo que producimos, la tierra da sabor a los vegetales. Hay que saber cuidarlas y escucharlas a las platas, ellas te van diciendo cosas”, Jose Folik tiene setenta años, pero parece tener veinte años menos. Con dos grados nos atiende descalzo, la tierra y él son una sola cosa, junto con su compañera Beatriz Carames, lograron hacer una huerta demostrativa que produce vegetales orgánicos que abastecen a Pigüé, pero van por mas: están construyendo un aula taller para trasladar todo su conocimiento a la mayor cantidad de personas.

“Hace muchos años que estamos trabajando en esto y el círculo de la vida comienza a terminarse para nosotros, por eso es momento de transmitir todo lo que uno sabe, el que esté interesado en trabajar la tierra y en llevarse información, puede venir. Acá no nos quedamos con nada, la información está para que la gente la use y cuánto más personas usen la información que tenemos tendremos una mejor calidad de vida, porque a mí no me gusta intoxicarme y creo que a nadie le gusta”, Beatriz es una predicadora de la tierra y del buen uso que se puede hacer de ella. Enseña en un Centro de Formación Profesional, “yo formo horticultores”, afirma. La Huerta Demostrativa “Primitivos” está a sólo tres kilómetros de la plaza de Pigüé, pero parece estar en un mundo en donde el rocío y el compost son energías que se trasladan entre cultivos de zanahoria, achicorias, cebollas y calabazas. Hay raíces y ramas por todas partes, “parece que está desordenado, pero todo tiene un orden en la huerta, cuando veo una que está toda limpia y ordenada, desconfió”

José Folik a los cinco años ya clasificaba frutas, y a los doce trabajaba en una huerta. No hay secretos entre él y las semillas, es una relación que ha durado toda la vida. Cuando habla de las plantas, nos dirá ella y no notaremos la diferencia entre “ella” y un ser humano. En todos los sistemas vitales de José, sólo existe un solo grupo: los seres vivos. “La planta, ella, siempre quiere algo, por ejemplo la col, ella siempre quiere calor arriba, pero le gusta vivir con frío abajo. Yo experimento para mejorar, cultivos que se dan en invierno yo los saco en verano. Todo el secreto está en saber qué les gusta a ellas. Por ejemplo, si vos tenés frio, ellas también sienten frio, entonces busco la forma de que puedan vivir mejor”, nos muestra uno de los invernaderos, hay un completo ecosistema, donde conviven plantas, bichos y José. Por un rato se nos pierde de vista y trae semillas en su mano: “Es lechuga. Lo mejor es sacarles a ellas las semillas de la primera camada. En las primeras semillas está toda la fortaleza de la planta” La huerta está abierta todo el año y todo el año produce. Hay un enorme espacio donde está la compostera. La tierra se funde con restos orgánicos y carnosas y brillantes lombrices hacen el mejor de los trabajos: vivir en esta nutritiva mezcla. “Para mucha gente es un basural, para nosotros es un tesoro”, nos cuenta con alegría Beatriz.

La base de la Huerta “Primitivos” está es ser un centro de aprendizaje y educación. Es una usina de buenas prácticas y también una base de resistencia a un mundo que le da la espalda a la paciencia y a la observación que hay que tener para cultivar alimentos sanos. Aca desde toda la vida han comido los frutos de la tierra. “Hoy todos hablan de orgánico, pero nosotros hacemos esto desde siempre”, sostiene Beatriz. El mayor sueño es poder terminar el aula taller. José hace todo, para él no hay nada imposible. Él sólo ha levantado el aula, él ordena los troncos que se convertirán en marcos para las puertas, él también hace las herramientas para poder tratarlas mejor a “ellas” “La producción orgánica requiere de herramientas a medida, yo hago todo, amo el trabajo, soy muy ansioso. Es hermoso ver cómo nosotros no usamos químicos, no entiendo por qué los usan. Yo me doy cuenta cuando una planta tiene olor a remedio, me queda ese olor en las manos” Si los hombres del mundo sintieran el amor que siente José por las plantas, esta planeta sería otro. Si hay personas que catan vino, José es especialista en frutas y vegetales. Nos habla de la dulzura de la remolacha, del azúcar que tiene la cebolla y de la flor de la berenjena. “Todo el secreto está en la tierra, ella es la que le da sabor, entonces, si le echamos remedio, tendrá todo sabor a remedio” La sabiduría de este hombre demuele todos los argumentos de los ingenieros agrónomos que recetan agrotóxicos para que los cultivos sean mas productivos.

La Huerta forma parte del grupo de Turismo Rural Sierras y Pampa, de Cambio Rural de INTA, coordinado por Marina Monje. El INTA ha creado una red de emprendimientos que potencian la creatividad, el trabajo, la historia y el recurso natural de los habitantes de los pueblos que hoy, con sus proyectos, son el motor de la recuperación de estas localidades que se abren a una realidad muy positiva.

El almuerzo nos encuentra sentados en una mesa delante de dos botellas: una con jugo de uva fresco y un malbec, ambos hechos por José. Comemos vegetales al disco, recién sacados de la huerta. El sabor es único, crujientes, con texturas bien marcadas, la zanahoria, el puerro, el tomate y el morrón se diferencian. Cada vegetal guarda el secreto primitivo de su sabor. “Los que tienen un espacio o un pedazo de tierra, tienen que animarse a cultivar sus propias verduras, el secreto es poder tener siempre elementos para hacernos nuestra propia sopa”, Beatriz lo mira a José, ambos han logrado ser soberanos en su tierra, independientes en su pensamiento y libres en la elección que han elegido para vivir en este suelo.

Contacto: https://www.facebook.com/sierrasypampa.turismorural

Publicado en EL Federal, Texto y Fotos: Leandro Vesco

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