Progreso Indefinido que estás en los Cielos

Publicado en por escabullidos

El crecimiento sustentable como icono y los Cultos de crisis.

Progreso Indefinido que estás en los Cielos
Aún cuando creamos que gracias al Racionalismo y al “Pienso, luego existo” de Descartes conseguimos escapar de la superstición, en realidad esta filosofía se sustenta sobre ideas tan descabelladas como la sacralidad y autocontrol de la mente humana sobre el cuerpo y la naturaleza, o en el caso de Adam Smith, sobre la Divina Providencia como mano invisible que regula todos los desmanes del Mercado. Este mito fue necesario para propulsar una socioeconomía basada en la esclavitud y en el “conquisto, luego existo”. Los “cultos cargo” o “cultos de crisis” dejan claro lo absurdo de este Mito del Progreso Indefinido.

“Si queréis ver a una vaca sagrada no hace falta ir a la India, no hay más que ir al garaje”, escribió el antropólogo Marvin Harris.

“Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia” dijo también el científico Arthur C. Clarke.

Estas y otras frases desafían la idea de que los occidentales hace tiempo rompimos con la irracionalidad, la magia o la sacralidad. Aún continuamos conservando mitos, ritos y cultos en nuestra vida diaria, y se podría decir que cada vez se hacen socialmente más notorios los que circulan alrededor de ese gran mito o icono llamado Progreso Indefinido. Ese progreso infinito entendido como factor principal y necesario para el desarrollo de las civilizaciones, o para que una sociedad deje de ser primitiva, salvaje o retrasada.

“El mundo ilustrado de Europa y América marca, en la práctica, un modelo, colocando, sencillamente, a sus propios pueblos en un extremo de la serie social y a las tribus salvajes en el otro, distribuyendo el resto de la humanidad entre esos límites, según se acerquen más o menos a la vida salvaje o a la culta.” aseguraba sin tapujos Edward Tylor en 1877. (1)

Quizás tras esta lectura muchos lectores se echen las manos a la cabeza y se sorprendan cual etnocéntricas eran las Ciencias antaño. Y quizás sean estas personas las mismas que afirman que es lógico y entendible que el Islam sufra de fundamentalismo religioso ya que se quedaron estancados en un oscuro pasado religioso propio de la Edad Media y no disfrutaron de las mejoras de la Ilustración.

Gracias a ese Iluminismo Ilustrado, dicen, en Occidente pudimos romper con la superstición, la subjetividad, las pasiones ordinarias. Rompimos con todo aquello irracional, es decir, con lo que no se puede medir ni cuantificar. “Pienso, luego existo”, decía Descartes como frase para la posteridad. Pero Descartes no pretendía romper con la religión, como se cree. Para este filósofo, Dios era la perfección racional. Por eso, lo mejor era utilizar la mente humana como ojo de Dios, separándola del cuerpo. Descartes cuenta que la noche del 10 de noviembre de 1619 tuvo tres sueños sucesivos que interpretó como un mensaje del cielo para consagrarse a su misión filosófica, advirtiéndole que no crea en nada que no pueda comprobar. Paradójicamente, aquella noche se le olvidó comprobar la veracidad racional de aquellos mensajes místicos. Estos sueños no fueron los únicos que animaron a este filósofo a solidificar su teoría. Viajar también le hizo mella:

“… tomando la decisión de no buscar otra ciencia que la que pudiera hallar en mí mismo o en el gran libro del mundo, dediqué el resto de mi juventud a viajar, a conocer cortes y ejércitos, a tratar con gentes de diversos temperamentos y condiciones, a recoger diferentes experiencias, a ponerme a mí mismo a prueba en las ocasiones que la fortuna me deparaba, y a hacer siempre tal reflexión sobre las cosas que se me presentaban, que pudiese obtener algún provecho de ellas.” (2)

Quizás divagando en este desorientado mundo, tan diverso y efímero, quiso pisar suelo en su “pensar”, la única certeza que le quedaba. Pero se olvidó de escuchar la lección que le daba el mundo, que su mente no se puede separar del cuerpo, y sobre todo, que nadie hace su pensar sin los demás, que su pensar no es independiente de los Otros. “Un ejemplo lo ilustrará”– argumenta el sociólogo Boaventura de Souza Santos-

“El filósofo ghanés Kwasi Wiredu clama que en la cultura y el lenguaje de los Akan, el grupo étnico al cual pertenece, no es posible traducir el precepto cartesiano “cogito ergo sum”, “pienso, luego existo”. Esto es porque no existen palabras que puedan expresar esta idea. «Pensar», en Akan, significa «medir algo», lo cual no tiene sentido para esta frase. El «ser» de «sum» resulta también muy dificultoso para explicar, porque el equivalente más próximo es algo como «Yo estoy ahí», que tampoco tendría sentido en esta frase.” (3)

“Yo soy” en la cultura Akan significa “yo estoy ahí”, y no existe separación entre cuerpo y mente, ni entre “yo” y “nosotros”. Sikkhona, “estamos aquí”, es lo que responden entre las tribus del norte de Natal, Sudáfrica, al saludo en zulú “siyawubona”, “nosotros te vemos”. Los ancianos y ancianas de Irán, para saludar a alguien a quien aprecian, tapan sus ojos con sus manos y dicen “tú eres mis ojos”. Sólo cuando los demás te ven, eres.

Esto significa que para comprender totalmente al ser humano, o a cualquier ser vivo, no es suficiente con diseccionarlo como una rana en el laboratorio como hicieron con muchos nativos, o tratarlo como una máquina de engranajes, idea que divulgaron con el fin de disciplinar al proletariado en la época mecanicista de Newton. Y mucho menos, medir el trabajo humano y la tierra dentro de los parámetros productivos y monetarios, relegando a la naturaleza a un bucólico objeto muerto (como paisaje) y totalmente ajeno a nosotros, que adquiere “valor” unicamente si es utilizada en los procesos productivos.

En realidad, entender el cuerpo como materia mecánica y la mente como algo que se puede gestionar a voluntad, fue un mecanismo que hizo posible el desarrollo de mecanismos de autocontrol y autodisciplina del cuerpo y sus necesidades. Esto fue un requerimiento fundamental en un sistema socioeconómico capitalista en el que se necesitaban proletarios esclavo que podían trabajar más de doce horas diarias.

Además, Adam Smith (que en su época no era conocido como economista, sino como catedrático de filosofía moral) afirmaba que la Divina Providencia había dispuesto las cosas de tal manera que nuestra persecución del propio beneficio, en un mercado sin restricciones, sería guiada “como por una mano invisible” para promover el interés general:

“… a pesar de su egoísmo y rapacidad natural, a pesar que solo buscan su propia conveniencia… comparten con los pobres el producto de sus mejoras. Son llevados por una mano invisible a hacer casi la misma distribución de las necesidades de la vida que se habría hecho si la tierra hubiese sido dividida en porciones iguales entre todos sus habitantes y así, sin intentarlo, sin saberlo, avanzan el interés de la sociedad.” (4)

Casualidad o no, esta idea no es tan diferente de la del Islam medieval. El propio Mahoma (que fue mercader antes de convertirse en líder religioso) afirmaba más de mil años antes que los precios dependen de la voluntad de Dios, por lo que manipularlos es un sacrilegio. Por eso, se dice, los mercaderes despreciaban los contratos legales y preferían cerrar sus acuerdos “con un apretón de manos y una mirada al cielo”. (5)

Sin embargo, este apretón de manos dista mucho del apretón de cuerda en la horca en los comienzos del capitalismo occidental.

“Marx escribió que el capital emergió sobre la faz de la tierra “chorreando sangre y mugre de los pies a la cabeza” y, en efecto, cuando vemos el comienzo del desarrollo capitalista tenemos la impresión de estar en un inmenso campo de concentración.” escribe la historiadora Silvia Federici. (6)

Y es que no se puede separar los comienzos del Capital con el colonialismo más sangriento: genocidio, sometimiento de nativos en las minas, servidumbre de productores agrícolas, cercamientos de tierras, caza de brujas, castigos corporales y encarcelamientos o tráfico de esclavos.

Así, según la teoría decolonizadora, el “Pienso, luego existo” fue en realidad “Conquisto, luego existo”.

“Pasamos del «cristianízate o te mato» del siglo XVI al «civilízate o te mato» del siglo XIX, al «desarróllate o te mato» del siglo XX, al «neoliberalízate o te mato» de finales del mismo siglo y al «democratízate o te mato» de comienzos del XXI.” afirma el sociólogo Ramón Grosfoguel. (7)

Esto por supuesto tuvo desde un principio sus consecuencias. Un gran ejemplo son los llamados “cultos cargo” o los “cultos de crisis”. Cuando los marines llegaron a las pequeñas islas de Melanesia donde vivían sociedades con las que no habían contactado todavía, además de la avioneta, también llevaron consigo aparatos radiofónicos, tabaco, un generador, grandes antenas y un montón de suministros como alimentos y medicinas. Cuando se marcharon, dejaron consigo no sólo el asombro y la desorientación de aquellas personas, sino una profunda crisis que decidieron paliar a través de una gran representación. Imitaron los rifles de los militares con largos palos, se vistieron con los colores de los uniformes que habían visto, reprodujeron la bandera de los Estados Unidos, elevaron un bosque de ramas con forma de radiotransmisor y se dibujaron o tatuaron sobre sus cuerpos figuras que rememoraban los dibujos vistos en los pájaros y los grandes peces metálicos, como USA o US NAVY. Si esto era lo que había que hacer, lo correcto, quizás conseguirían que volviesen todos esos suministros.

Otro famoso culto de crisis fue el de los indios norteamericanos y su famosa danza de los espíritus, o Ghost Dance. Los profetas paviotso Wodziwob y Wovoka tuvieron la visión del retorno de los antepasados en un gran tren. Simultáneamente, los blancos serían barridos de la tierra, pero sus edificios, máquinas y otras posesiones permanecerían.

Entre los sioux hubo una versión que incluía el regreso de todos los bisontes (“Matar cada búfalo que podáis. Cada búfalo es un indio menos” decía el coronel Dodge de los EEUU.).

Esta idea de que si se hace lo correcto, la magia, el karma o la mano de Dios pondrá las cosas en su lugar es algo a lo que recurrimos todos los seres humanos en momentos de crisis, y nosotros no somos menos.

“Veamos, por ejemplo, de qué manera permitimos que avance la exploración de petróleo y gas cuando sabemos que una económica basada en el carbón representa un suicidio para nuestros hijos y nietos.” explica Ronald Wright. “Es la patología ideológica del mito del capitalismo moderno de que es posible expandirse indefinidamente.”, dice Wright. “Es un mito absurdo. Vivimos en este planeta. No podemos dejarlo e irnos a otra parte. (…) Creemos que las cosas siempre serán más grandes y mejores. Tenemos que entender que ese largo periodo de expansión y prosperidad fue una anomalía.” “Tenemos que hacer reajustes en la civilización a nivel integral para vivir en un mundo finito”. (8)

Sabiamente, así lo entendió uno de los profetas del Culto Cargo de Melanesia cuando viajó a EEUU.

“Nada de lo que vio le ayudó a comprender por qué de aquella inmensa profusión de riqueza, ni siquiera una gota llegaba a sus compatriotas.” cuenta Marvin Harris. (9)

En realidad, nosotros/as tampoco.

“La civilización que confunde a los relojes con el tiempo, al crecimiento con el desarrollo y a lo grandote con la grandeza, también confunde a la naturaleza con el paisaje, mientras el mundo, laberinto sin centro, se dedica a romper su propio cielo.” explica Eduardo Galeano. (10)

Imagen de portada: Money, Money, Money! Peddhapati


 Para saber más…

(1) Tylor, Edward. “Cultura Primitiva I: Los orígenes de la cultura”

(2) Descartes, René. “Discurso del método”.

(3) de Souza Santos, Boaventura. “Descolonizar el saber, reiventar el poder.”

(4) Smith, Adam. La teoría de los sentimientos morales.

(5) Graeber, David. “En Deuda”.

(6) Federici, Silvia. “Calibán y la bruja.”

(7) Grosfoguel, Ramón. “La descolonización de la economía política.”

(8) Hedges, Chris. “The Myth of Human Progress“.

(9) Harris, Marvin. “Vacas, cerdos, guerras y brujas”.

(10) Galeano, Eduardo. “Úselo y tírelo”

 

Publicado: el 04 de marzo de 2015 por Noemí Villaverde Maza (@Antropologaluna ) para Revista Mito - http://revistamito.com

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