Invitación a volvernos conscientes

Publicado en por escabullidos

Invitación a volvernos conscientes
La banda autodefinida como de “swing punk”, Responsables No Inscriptos, presentó su disco “Guía para combatir las causas de la infelicidad” en el Salón Pueyrredón

Un rubio que habla en un extraño castellano se acerca a la mesa y pregunta si alguno es anarquista. Es francés y una inscripción en la pared le llamó la atención. La respuesta de los presentes es negativa. Se comparten las ideas, pero no se ponen en práctica. “¿Ustedes votan?”, pregunta el turista. “Es obligatorio”, le responden. “¿La multa no es algo así como 50 pesos? Sería mejor que nadie vote”, replica el francés.

A la vieja usanza, aunque habían prometido salir a escena a la medianoche, los Responsables No Inscriptos comienzan a tocar unos minutos antes de las 2 am. La excusa de este show, en el bar que es su casa, es presentar su último disco: “Guía para combatir las causas de la infelicidad” (2013), una obra conceptual de 15 tracks, que al igual que su antecesor “El juego o la vida” (2004), carga contra la sociedad de consumo. Si bien la banda tiene sólo dos discos “oficiales”, son veteranos de la escena under del punk nacional y llevan más de 20 años de formación.

Después de la proyección de un corto animado donde se reflejan las mismas críticas que la propia banda hace a los medios y a la maquinaria del consumo, se abre el telón y comienza a sonar “Superación personal”, el primer tema de “Guía para combatir...”: “Evidentemente mi mente está contra mí / y no le importa nada pare de sufrir / sigo tratando de no perder el control / el que piensa pierde, pierde la razón / dame un saque hace que se me pase / mejor dame un pase y puede ser que no me saque / sobre estimulado en mis problemas de salud / voy llenando de a poco la solicitud”.

A continuación suena “Seres que aman demasiado”, con su pegadizo estribillo “mientras tanto amanece allá y sale el sol y es un intento / que este día no sea el anterior, sigo perdiendo si / pienso que voy volando hacia el sol mientras me estrello en el pavimento / soy otra mancha en el pavimento”. Después le pegan el clásico –si se permite el término-, “Antitodo”, de “El juego o la vida”. Se hace el primer parate para saludar a la gente y Gustavo, el cantante de la banda, bromea: “Buenas noches, somos una banda que se llama Mi mamá no me dio bola en mi infancia, o algo así”.

De ahí en adelante el recital va a transcurrir en forma displicente. No hay apuro, ni interés en mostrar un set ultra ensayado. La banda se muestra ajustada, y suenan todo lo bien que puede permitir una acústica como la del Salón. Desde arriba del escenario todo es motivo de burla, de sí mismos y de todo lo que ahí se hace. Las letras de Responsables denuncian todo el tiempo cómo el sistema nos lleva a ser parte de él, y nos somete a sus reglas, a consumir más y más cosas que no necesitamos. Las 8 horas, de trabajo, el estrés, el fútbol, productos para alienarnos; pero también cargan contra esa idea de que por estar cantando el rockero cree que va a cambiar el mundo. No se trata de invitar a la revolución, sino de ser conscientes de que formamos parte de todo esto.

Hechos los saludos, arranca el “homenaje” a The Clash “Bit Byte Beat Infame”: No es vida es televisión / la muerte comete otro error / está fingiendo que eso es estar viviendo. La parte del lugar donde está el escenario está llena, y no es que haga falta mucha gente para lograrlo. En el púbico se advierten habitués del lugar, amigos de la banda, algunas chicas, todos en su mayoría arriba de los 30. Gustavo juega con su celular mientras canta, bromea con ser otro rockero que quiere cambiar el mundo, invita a consumir en la barra del fondo. De vuelta en “Guía para combatir...”, suena “Código Da Blinski”: “Como lo ven no estoy tan mal, como el que hace fila para votar / me rebelé con rock n roll / soy los que no se animaron a ser yo / No interesa lo que digo pero suena vulgar y por supuesto muy fuera de lugar”.

La lista de temas va alternando entre un disco y otro y pasan “El mercenario”, “Guía para combatir las causas de la infelicidad”, “Resn’rol”, “Anecdotario tiratinta”, “Gente politóxica”, y “Cómo ganar amigos e influir en las personas”: Somos parte de la versión que nunca le importó a nadie / sabemos que la verdad es otra forma de mentir / somos parte de la versión que no quiere elegir nadie / sabemos que no hay verdad, solo biblias que repartir. Gustavo avisa que no está muy ensayado y arranca “Viva cualquier revolución”, al que se le pega “Sincrodestino”, para cerrar el anteúltimo tramo de la presentación.

Batra, el bajista, empieza a agradecer y saludar, y desde abajo alguien se queja por lo pronto. “Bueno, ya escucharon como 22 temas”, responde entre risas. Ni siquiera cuando termine la noche –si este cronista no contó mal- llegarán a las 20 canciones. Y no es por falta de material, porque si bien tienen sólo dos discos, entre ambos suman alrededor de 37 temas. Se quedan afuera, por citar algunos de los viejos: “Peter Pan”, “El lado equivocado”, y “El vindicador”; del disco que estaban presentando corren igual suerte: “Tus horas erróneas”, “Usted puede sanar su vida” y “Cual salvador final”. Cuestión de ganas o de decisión, el show es corto.

El tramo final arranca con “33 leyes espitiruales del éxito”, la gran canción “El arte de sufrir” –con olvido de la letra incluído-, y “La salud de nuestros hijos”: “Qué será de los más chicos si los padres somos esclavos / que la única ley que respetan es la ley del mercado para poder comprar / ya fue, la vida no es real y conseguir nunca nos va a alcanzar”. El último tema de la noche va con dedicatoria a Horacio “Gamexane”, el fallecido guitarrista de le escena punk local que participó de la banda: “Turned out a punk”, tema de Big Audio Dynamite. Cantante invitado que se mezcla entre el público, alguien que sube y ocupa un micrófono, nueve personas sobre el escenario. Suena el último acorde y se cierra el telón.

La hora y diez de recital deja un sabor raro. Cuando el clima parecía levantar con temas arriba, enseguida venía un bache y una canción menos intensa. A pesar de esto la presentación fue dinámica y no aburrió, pero quizás alguien que descubría a la banda por primera vez no haya logrado entender del todo la propuesta, si es que la hay. Medimos los recitales con los paramétros de “mínimo hora y media”, para sentir que el valor de la entrada está saldado. ¿Y si los músicos dijeron lo que tenían que decir en menos tiempo?

El mensaje de Responsables No Inscriptos está claro en sus canciones. No se ve un interés en llevar el proyecto a algo más, no se trata de difundir el mensaje. Al menos no bajo los parámetros convencionales. Si así fuera quizás usarían otros recursos, se fijarían en el armado de la lista, en la duración, en saber las letras de pe a pa. Tal vez sea una cuestión de coherencia, una banda que denuncia el consumismo no tiene interés de vender, promocionar, su arte. Está ahí, si alguien lo encuentra mejor. Y por eso quizás esta crónica sirva, o no.

El francés del comienzo se llevó un libro sobre anarquismo que alguien en la mesa sacó de su mochila. Gratis, de regalo, de alguien que contestó que no a su pregunta inicial. Llegó preguntando, buscando, cuestionando y se llevó algo. Quien haya llegado hasta el Salón para ver a Responsables, o quien llegue hasta sus discos, va a tener material para seguir haciéndose preguntas, para seguir cuestionando y llevarse algo.

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