¿Nos han dado la tierra?

Publicado en por escabullidos

A 33 años de que el novelista mexicano Juan Rulfo fuera distinguido con el Premio Princesa de Asturias de las Letras, nos sumergimos en uno de sus clásicos cuentos, Nos han dado la Tierra, un fiel exponente de su estilo y el compromiso social de denuncia y crítica al poder.

¿Nos han dado la tierra?

En 1945 Juan Rulfo escribe “Nos han dado la tierra” y lo publica en la revista Pan de Guadalajara. El relato está asociado con una visión que trata de comprender cómo se concibió el proceso modernizador agrario del México postrevolucionario. 

Es Rulfo quien considerará a la Revolución Mexicana, una revuelta inconclusa, que no llevó a destino los principales requisitos y necesidades que pugnaba el pueblo mexicano a principios del Siglo XX. Rulfo, en “Nos han dado la tierra”, plantea que la cultura agraria, y especialmente de tradición oral, ha sido marginada, y ésta fue reemplazada por el privilegio de la letra impresa. 

Es por este motivo que es interesante comprender, en primera instancia, cómo se intentó desde los discursos hegemónicos instalar a “Nos han dado la tierra” como una obra cumbre que no sólo refleja el canon literario institucionalizado, sino que representa el discurso oficial de la post-revolución, cuando, en realidad, hay un fuerte componente crítico sobre la revolución mexicana que el canon descarta o al menos aleja del debate. Es por eso que se nos plantea indagar sobre si verdaderamente: ¿Nos han dado la tierra? 

Trabajar con el canon literario implica, por una parte, enfrentarse con textos que tienden a ser leídos como clásicos cuyo valor se vuelve "universal" y, por lo tanto, atemporal. Esto, asimismo, les da un carácter "oficial", es decir, esas obras literarias podrán ser leídas como modelos sistemáticos de la construcción narrativa de un momento y lugar. 

Por otra parte, está el derecho a buscar en estas obras canónicas otras lecturas, pues su mismo carácter de "clásico" lleva consigo la posibilidad de una significación inagotable. Es decir, el hecho que una obra sea considerada canónica no impide que existan otras lecturas posibles, otros enfoques aceptables de instaurar. Eso fue lo que sucedió con “Nos han dado la tierra”. El corpus literario de la post revolución quiso absorber el cuento por la proximidad temporal y de contenido que representa.

De esta forma, el dilema que provoca el "enfrentarse" al canon se magnifica porque se puede pensar hasta qué nivel un texto es representativo de un momento político social, lo que también hace que cuestionemos la relación obra-institución canónica para que, de momento a otro, algunas obras literarias, para trascender, sean incorporadas por las instituciones convirtiéndose ellas en las únicas difusoras de contenidos.  De esta manera, la obra de Rulfo manifiesta ese tipo de representación que se pretendió construir en las postrimerías de la revolución mexicana, ya sea por el modo de narración predominante como por la construcción del discurso oficial del gobierno revolucionario una vez en el poder. 

Claro está que todo gobierno y/o movimiento necesita de un fuerte componente cultural para poder perdurar en el poder. Necesita construir un discurso oficial y hegemónico capaz de generar una simbología que asimile el presente y lo asocie con un sólo tipo de pasado: el oficial.  Eso quiso hacer el gobierno mexicano con “Nos han dado la tierra”, pero la manipulación fue de tales características que el componente crítico fue desplazado. Por eso, en efecto, no es verdadero el dar la tierra, hay ironía en el título o, al menos, interrogantes. 

Refiriéndose a su vida, Juan Rulfo otorgó una entrevista a Joseph Sommers para la revista “Siempre, la cultura en México”, en el año 1973. Allí, Rulfo describe: 

“Tuve una infancia muy dura, muy difícil. Una familia que se desintegró muy fácilmente en un lugar que fue totalmente destruido. Desde mi padre y mi madre, inclusive todos los hermanos de mi padre fueron asesinados. Entonces viví en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino de devastación geográfica. Nunca encontré ni he encontrado hasta la fecha, la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la Revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica”. 

Es importante incorporar esta cita textual al análisis porque contribuye a pensar y ubicar el contexto desde el cual Rulfo escribe “Nos han dado la tierra”. Lo hace desde un lugar donde la esperanza es una huérfana más en el entorno de la sociedad mexicana violentada. Él sufrió en carne propia la Revolución y el fanatismo extremo de la Cristiada (enfrentamiento religioso entre 1926 y 1932). Recurre permanentemente a temas como la pobreza, la utilización de la tierra, el maltrato y esclavitud impuesta desde los sectores caciques. 

El aporte sustancial realizado por Rulfo es que él agrega al  realismo objetivo, es decir, la descripción fiel de los hechos, técnicas literarias que reflejan la versión interiorizada de los problemas sociales que se plantean, donde se le da importancia al hombre y no tanto al contexto. Además, Rulfo trabaja profundamente la imagen del ser mexicano, no sólo retrata la problemática de la injusticia social o la violencia, sino que dota de un fuerte componente simbólico a la obra literaria creando paradigmas de personajes, situaciones y realidades. 

En cuanto al relato, se presentan cuatro personajes, campesinos ex revolucionarios, Melitón, Faustino, Esteban y el narrador. Son momentos posteriores a la Revolución o, al menos, es el final. Todo acontece en un lugar absolutamente desolado, un desierto, donde la población se encuentra a la distancia. Este panorama desolador, triste e inexplicable en un país que debería estar festejando la revolución del  campesinado muestra que, en realidad, no hubo triunfo o, por el momento, Rulfo prioriza describir y señalar las consecuencias que la revolución trajo en su vida. Es él quien se halla desolado, sólo y huérfano. El escenario es claramente rural porque es all, donde confluyen las esperanzas, desilusiones, fracasos y críticas en torno a la revolución no consumada. 

Un elemento recurrente, ya mencionado, es la construcción de contrastes como en “Macario”. En “Nos han dado la tierra”, se combina la desolación y la esperanza ya desde la primera oración: “Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye ladrar a los perros.” En esta expresión, se visualiza un lugar que está muerto, en agonía, y por mucho tiempo ya que no hay árboles, ni siquiera semillas de los mismos. Pero, también, se menciona que se aprecia “el ladrar de los perros”, clara señal de vida y esperanza.  El lugar desolado muestra la ausencia de vida, el poco futuro planteado o esperado. Un presente que no sólo no es el esperado sino que representa una agonía. La esperanza va cayendo como una gota de agua de lluvia, “cae sola, no llueve”. Toda impronta esperanzadora va desapareciendo o, por lo menos, se desvanece temporalmente. 

“No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar…Cae una gota de agua, grande gorda, haciendo un agujero en la tierra y dejando una plasta como la de un salivazo. Cae sola... no llueve…” “Esta es la tierra que nos han dado. ¿Cuál tierra nos han dado, Melitón?

Claramente, los campesinos se encuentran desorientados. El nivel de tristeza ya se magnificó a la resignación, a la miseria universal. Hay una sensación de equivocación. Rulfo pretende demostrar que el pueblo se ha sometido completamente a la voluntad de su gobierno, quitando todo vestigio de libertad.  No hay tierra dada, sólo desilusión y la nada. 

Rulfo, nuevamente, construye un relato oscuro, falto de alegría. Un cuento que se construye desde la nada, pero que refleja ese vacío espiritual en el que se encontraba el pueblo mexicano en los años posteriores a la revolución. Deja un mensaje claro, para tiempos de incertidumbre y transición, la esperanza nunca debe agotarse. Debe ser vista como fuente en el pasado que no se ahoga en el recuerdo olvidado sino que se actualiza en un presente que ya no es desolador sino tenuemente esperanzador.  

Publicado: en octubre de 2015 por Pablo Muir para Cultura Urgente - http://www.culturaurgente.com -

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