No me verás en el subte: crónica del espectáculo arriba del tren

Publicado en por escabullidos

En esta primera entrega de las crónicas del espectáculo arriba del tren, Oscar y Omar hablan de su arte, la música y de su género preferido. Con ustedes, Dos en Tango.

No me verás en el subte: crónica del espectáculo arriba del tren

Tal vez no suceda en la vida de todos, pero creo que en algún momento nos planteamos de qué manera podríamos balancear nuestras “obligaciones” con nuestras pasiones. Digo esto, porque no siempre podemos vivir de aquello que nos apasiona. A veces no alcanza con el esfuerzo, la dedicación o la suerte. La sociedad no parece estar muy abierta a que esto les suceda a los artistas, quienes muchas veces sufren la devaluación de su trabajo. Desde ya, no salvamos vidas, pero el arte puede ser esa ventana por la cual ver las cosas de otro color y, por qué no, hasta lograr transformar nuestra percepción sobre lo que nos rodea y atraviesa día a día.

Pensando en aquellos que con valor o sin vergüenza tomaron la decisión de vivir de lo que les gusta como sea, me acerqué al subte en busca de algo que a mí también me apasiona: la música.

La línea D me recibió con el calor abrazador de todo lo que vive en el subsuelo mezclado con el olor a gente que corre por las escaleras fijas. Nunca falta alguno perdido: ¿De qué lado tengo que tomar el que va a Catedral? Todos estos son lugares comunes, así como lo es el subte para varios al momento de generar una fuente de trabajo. Vendedores, discapacitados y artistas conviven en una “pymes” que va a toda velocidad.  Dentro de los artistas, los que más se ven son los músicos. Los hay de todos los géneros y edades, hay muchísimas ofertas culturales dentro del tren en movimiento y por fuera, fijos en los andenes.

La gente me mira y creo que es porque resalto con mi quietud entre la multitud en continuo movimiento. Estoy sentada en el andén de la estación Palermo, son las 10.27 y me estoy por encontrar con Oscar y Omar. Todo se mueve. Todo menos yo: las piernas de los transeúntes, el cuaderno en el que escribo, incluso los letreros luminosos que avisan cuánto falta para que llegue el próximo tren. Los ventiladores están al taco, parece que el invierno no  alcanza para airear los vagones.

Miro y camino de un lado al otro hasta ubicarlos dentro de uno de los subtes que pasan cada tres minutos reloj. Creo que fue como en el décimo quinto que los visualicé y corrí para entrar en su vagón. Y me refiero a su vagón, porque tal como lo permite la música, con su micrófono y su guitarra llenan de tango el viaje de muchos pasajeros de la línea D.

Comienza el show: varios de los que llevan auriculares puestos parecen ahora prestar atención a lo que está sucediendo, total hay tiempo para luego seguir sumergidos en su mundo. Algunos pies comienzan a marcar el ritmo de la guitarra, mientras otros preparan su colaboración. Y así, entre tangos y vagones, los muchachos se ganan su sueldo haciendo aquello para lo que toda la vida se prepararon: la música. Suena Paciencia de D’Arienzo y Gorrindo y con esa misma cualidad, Omar pasa a recoger las colaboraciones con las que mantiene a su familia.

-¿Cómo fue la llegada al subte?

Oscar: Traumática. Es muy difícil trabajar en estos lugares porque hay más músicos y vendedores que unidades andando. Pero conseguimos entrar y hoy en día, después de diez meses, nuestra relación con el resto de los trabajadores es muy tranquila.

-¿Cómo es la recepción del público?

Omar: Varía demasiado, hay vagones en el que se crea un clima muy lindo y la gente participa con su mirada y su voz. Pero en otros momentos la gente está desconectada y es muy difícil ponerse a cantar sabiendo que cada cual está en sus cosas. Cuanto más logramos que se compenetren y perciban la entrega, mejor se pone. Está en nosotros sorprenderlos o no, hay que ganarse su atención.

Oscar: Igual cuando nos toca un vagón que no se engancha, sabemos que es ese vagón. Que en el otro, azarosamente, puede estar esa gente con la que nosotros disfrutamos al mango por la ida y vuelta que se genera. Somos conscientes de que no tenemos que quedarnos con esa desconexión, que son solo unos minutos y pasa.

-Ambos estuvieron en escenarios, ¿qué diferencias ven entre estos y los subtes?

Oscar: Yo creo que uno no debe hacer diferencia. Hay que tomar el vagón como un escenario porque, en el caso contrario, nos bloquearíamos ya que hay un montón de cosas en contra para trabajar. Vos te subís y no sabés que pasa en el tren en el que viajás. Si bien existe la diferencia, acá hay que romper con todas las trabas para captar al público. Yo suelo hacer una cosa: busco generar un contacto visual con la gente, que perciban mi presencia y, a partir de ahí, junto con la presentación del dúo, se hace más fácil.

Omar: Nosotros venimos a imponer un género que es difícil, sobre todo para los jóvenes que acostumbran tal vez a escuchar otras cosas. Sin embargo, es justamente con el público de los chicos que uno no deja de sorprenderse por el valor que le dan a lo que hacemos. Inclusive son los que más dinero aportan.

-¿Por qué vivir de la música?

Oscar: Para mí es una cosa común, casi el 80 por ciento de mi vida es la música. Una vez un gran maestro que tuve me dijo que lo más difícil es profesionalizar la pasión, y yo creo que lo he logrado a lo largo de mi vida, con sus altibajos. No encuentro otra respuesta que esa para darte.

No me verás en el subte: crónica del espectáculo arriba del tren (II)

La entrevista a Dos en Tango ofreció la oportunidad de conocer a nuevos músicos. Allá fue entonces la cronista, en busca del sonido de los parches de Pablo y Aaron.

 

No me verás en el subte: crónica del espectáculo arriba del tren

A los tambores

Esta vez, ya son más de las 15. Viajo, según la recomendación de los muchachos de Dos en Tango, hacia Palermo, la estación donde más fácil se localizan a los músicos de la D. Presto atención, cada vez que el subte abre sus puertas a ver si escucho alguna melodía que rompa con el sonido a máquina. Porque si hay algo que comprendí apenas ingresé al subte, ya no puramente como pasajera, sino como espectadora, es que la música puede surgir en cualquier instante. Dicho y hecho: junto a mi llegada a la estación, sucedió la del tren que iba hacia Catedral. Allí me topé y uní al recorrido que hacen Pablo (45) y su hijo Aaron (19), desde hace tres años. Ellos iniciaron su show con Huelga de amores de Divididos. No pude evitar pensar que Pablo tenía realmente internalizada la frase “Y nos dijeron -tiempo es dinero y en esta tierra sos extranjero-”. Lo pude confirmar cuando al final de su jornada laboral, nos tomamos unos minutos para conversar.

-¿Cómo fue la decisión de entrar a trabajar al subte?

P: Básicamente la vida me tuvo trabajando en un montón de cosas que nunca me gustaron, como trabajar en oficinas o supermercados. Yo estudié educación física, no me recibí, pero estudié mucha pedagogía y llevo 16 años trabajando en la escuela de percusión de Horacio López, la Escuela en Clave, también junto a mi hijo. Me dedico a la docencia y tocamos con muchos grupos de percusión. Entonces hay un desarrollo que se va dando a través de los años, más allá de que el aprendizaje no empezó de una forma intelectual. Hoy por hoy, estamos tocando con mucho orden, independientemente de que tenemos parámetros de libertad en los que podemos jugar.

-¿Qué similitudes y qué diferencias encuentran en trabajar en el subte y trabajar bajo relación de dependencia?

A: En mi caso, con los pocos años que tengo, he laburado en lavaderos, en fábricas y demás, y el jefe por más buena o mala onda que tenga, siempre da órdenes y te está midiendo. Acá laburás bajo tus reglas. Nosotros decidimos si queremos dar una vuelta, dos vueltas, si queremos laburar una o dos horas. Somos independientes.

–¿Y en cuanto al sueldo?

P: Cuando empecé a trabajar acá, descubrí que podía ganar proporcionalmente igual a lo que ganaba cuando trabajaba ocho horas en relación de dependencia, pero trabajando tres horas en vez de ocho. Entonces me enfoqué en mi energía y trabajé el tiempo que necesitaba. Pero no necesariamente esto es una fija, nosotros ahora frenamos para estar con vos y decidimos después ya irnos para casa. A veces hacemos una vuelta más y nos va muy bien.

A: La independencia también tiene sus cosas, por ejemplo: te enfermás y no podés venir y no hay nada con qué justificarlo ni nadie que te pague el día. Acá la plata la tenés que ir a buscar, sea mucha o poca, pero está.

P: Cuando uno está entregando, generalmente los pasajeros lo reciben. Sobre todo si tratás con respeto a la gente, le hacés una invitación o un pedido de un tiempo, le preguntás si te permite el espacio para poder trabajar y por lo general lo aceptan. Ayer no.Un pasajero nos dijo “¿no se dan cuenta que no pueden hacer ruido acá?” El resto de la gente me miraba como diciendo seguí, pero si hay uno que dice que no, está diciendo que no y, en ese sentido, lo respeto porque no decidió venir a verme.Trabajar en el subte es invadir un espacio público, entonces nos presentamos y si el tipo me quiere putear, me putea por mi nombre.

–¿Por qué vivir de la música?

P: Intenté vivir como podía, trabajando en lo que salía para ganar dinero, pero la música es una pasión que tuve desde siempre. Y cuando descubrí que tenía la posibilidad de trabajar en lo que me gusta, tuve que tomar una decisión muy grande: a veces, hay gente es muy buen artista, pero no toma la decisión porque no puede enfrentar el hecho de ir en contra del camino marcado. Hay un camino que impone la sociedad, que tiene que ver con tener un trabajo en blanco, siguiendo las normas y costumbres que tiene nuestra cultura. Ahora, también está el que resiste, busca y prefiere ganar un poco menos, pero vivir de lo que le gusta. Nosotros disfrutamos y estamos en un constante fluir de energía con la gente que está circulando. Entonces, de alguna manera, trabajamos con la energía de la gente. Y lo más loco y paradójico es que el dinero es la representación de la energía puesta por una persona que trabaja. Nosotros ponemos energía en nuestro trabajo que es este.

Publicado: el 31 de agosto y el 01 de septiembre de 2015 por Luciana Sce (Texto y foto) para Marcha - http://www.marcha.org.ar

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